Opinión de un indignado ante el conflicto en Siria

por Paco L.

El día 7 de Marzo de 2012  escribía en este mismo foro un artículo al que llamé “Siria en mi corazón” . Ya, en aquella época me lamentaba de las masacres. Ha transcurrido un año y medio desde entonces y veo con impotencia que las cosas, lejos de ir a mejor han empeorado considerablemente, que la impasibilidad y la indiferencia internacional, durante este periodo, posiblemente, motivada por oscuros intereses de las principales potencias ha provocado el envalentonamiento de un regimen  y la aniquilación, a veces por medios crueles (empleo de armas químicas, por ej.), de un pueblo de buenas y pacíficas gentes, que el clamor de los que seguimos con horror cada día las noticias ante la evolución del conflicto no sirve de nada, que tampoco sirve para mucho ni la O.N.U; ni su Consejo de Seguridad, que el papel de la Unión Europea es el de aparentar que se preocupa pero sin tomar nadie medidas de fondo que puedan poner en evidencia y enemistar entre si a las mas poderosas potencias de la tierra y de paso poner en riesgo sus intereses en la zona. Los organismos internacionales se enredan en reuniones para preparar otras reuniones que sirvan para empezar a pensar en hacer algo, mientras la población a diario muere a millares. Como en otras ocasiones, las potencias se lanzan advertencias de “serias consecuencias” en casos de intervención de alguna de ellas sin consenso. Los opresores a su vez envían mensajes apocalípticos estilo: “Siria será el cementerio de los intrusos” (muy del estilo, por cierto de la famosa “madre de las batallas”).

Tenemos a un Presidente americano poderoso que históricamente necesita una guerra, como sus antecesores y unos aliados siempre muy fieles dispuestos a secundarles hasta el infierno, tenemos una flota y unos planes que solo necesitan un O.K., parece que no se necesita mucho más para disparar misiles ni tampoco importa mucho lo que otros países puedan opinar sobre el tema. Se habla de “Castigar a Siria” como si Siria fuese un agresor. Siria la componen muchas gentes. Debería puntualizarse a quién o a quienes se dirige ese castigo.

Cuando se ven programas sobre el Holocausto, la gente se pregunta como pudo el mundo tolerar aquello, cuando se mira a Bosnia o a los genocidios de cualquier país de África, nos hacemos la misma pregunta y la respuesta la tenemos a diario ante nuestros ojos, siempre es la misma: intereses internacionales e indiferencia ante el sufrimiento del prójimo.

Hace unos años tuve la enorme fortuna de conocer Siria, solo encontré buenas gentes por todas partes, citaré por no aburrir dos breves anécdotas, a modo de poner un toque de humanidad en todo lo anterior :

La primera en la Mezquita de los Omeyas. Estaba yo intentando acercar una pequeña grabadora a través de un grupo de peregrinos, que sentados en el suelo, escuchaban como un predicador recitaba El Corán, algunos de ellos hasta lloraban. Había un matrimonio joven con un niño entre ellos; el hombre al ver mi interés, se levantó, me pidió la grabadora y la puso al lado del predicador para mejorar la grabación. En agradecimiento le regalé para su hijo un bolígrafo de colores y a su vez él, me regaló un trozo de cinta verde y me dijo que cada vez que me sintiera triste, ese trocito de cinta me traería la alegría. Por supuesto que lo conservo como un bien preciado.

La segunda, es que visitando unas ruinas nos salió al encuentro un niño que nos seguía con curiosidad a todas partes, le pregunté su nombre, me dijo muy orgulloso que se llamaba “Bashar, por su Presidente”.

Respecto de la primera anécdota: Me gustaría saber, pasado el tiempo, que habrá sido de aquella familia, de la gente que oraba en la Mezquita, ¿que habrá sido del corro de fieles? de la gente que emocionada,  se aferraba a la pequeña capilla de San Juan Bautista y de la mujer que precipitadamente se tapó el rostro al comprobar que aunque por mis facciones podría, no soy Sirio. Tampoco olvidaré al comerciante del zoco de Alepo, que con alegría, ¡y con picardía! pretendía venderme a toda costa un conjunto rojo de bailarina del vientre, decía que: “para mi secretaria”.  Nadie en aquel momento éramos conscientes de lo que acechaba a la vuelta de la esquina -La Guerra-.

Respecto de la segunda anécdota  (la del nombre del niño) Me gustaría saber si el crío sigue estando tan orgulloso ahora de llevar el nombre de su Presidente y sobre todo si todavía vive para contarlo.

Desde estas lineas tres  llamamientos:

– Los conflictos nunca se resuelven por la fuerza, antes de una intervención, mejor agotar otras vías, la intervención traerá más dolor.

– A quienes ostentan el poder de decisión de acabar con esta barbarie y este caos. En el nombre de Dios creo que se lo pedimos todos.

– Velar porqué no ocurra en Siria lo mismo que en otros lugares, es decir: que una vez lograda la paz, no sigan destruyéndose entre ellos mismos. 

 

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